El fin último de la Fundación es contribuir a la erradicación de todo tipo de violencia, especialmente aquella que por razones culturales afecta más a las mujeres y niñas como la Mutilación Genital Femenina y/o el matrimonio infantil.
Todas las actividades de la Fundación se dirigen prioritariamente a mujeres, niñas, niños y hombres en países empobrecidos y vulnerables, principalmente aquellos en los que se practica la mutilación genital femenina (MGF), así como colectivos de inmigrantes procedentes de países en los que se practica la MGF; estudiantes, profesionales y sociedad española en general, a través de acciones de sensibilización y educación.
En la actualidad, todavía persisten prácticas culturales nocivas que suponen una violación de los derechos humanos de mujeres y niñas. Como formas estructurales de violencia basada en el género (VBG) destacan la mutilación genital femenina (MGF), el matrimonio infantil y/o forzoso, la poligamia, los delitos cometidos por motivos de “honor” y la violencia por causa de la dote.
Todo procedimiento consistente en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Se clasifica en cuatro tipos principales, siendo el más violento el tipo III, el que se practica en algunas tribus de Kenia. En estas tribus la MGF, consiste en el corte de labios mayores, labios menores y clítoris, con posterior cosido dejando solo un pequeño orificio para la micción.
La MGF tiene numerosas consecuencias para las víctimas, siendo las principales: lesiones físicas, emocionales y psicológicas, complicaciones durante el parto, transmisión de infecciones, matrimonio forzoso infantil y abandono prematuro de la escolarización.
En algunas ocasiones, por las malas condiciones higiénicas y la falta de conocimientos médicos en las que se realiza esta práctica se calcula que entorno a un 7% de las niñas o jóvenes que se someten a esta operación pierden la vida como consecuencia directa de la misma. Debido a esta tremenda costumbre hay muchas niñas que escapan de sus hogares o incluso comunidades en busca de un refugio seguro.
En el mantenimiento de tales prácticas aparecen justificaciones de orden psicosexual, como asegurar la virginidad y la fidelidad antes y después del matrimonio, respectivamente, o reducir la libido de la mujer. También razones de índole sociológica y cultural, como la necesidad de aceptación social y el temor al rechazo de la comunidad, o la preparación para la vida adulta y el matrimonio. También existen motivos higiénicos y estéticos, ya que algunas comunidades consideran los genitales femeninos externos sucios y feos. Finalmente se suelen evocar razones religiosas y socioeconómicas, principalmente vinculadas al matrimonio, a la dote y los derechos hereditarios.
La MGF es un tipo de violencia extrema de género no asociada a la tradición española, sin embargo, se calcula que en España viven más de 80.000 mujeres procedentes de países en los que la MGF es habitual, de las cuales 18.500 son niñas (Ministerio de Igualdad-Red Libres de MGF, 2023).
Esta diversidad cultural, aunque enriquecedora al formar una sociedad intercultural, presenta a su vez múltiples desafíos de integración social y alerta ya que, estas personas procedentes de culturas muy diferentes cruzan las fronteras de la mano de sus creencias y tradiciones que, en ocasiones, como ocurre con la ablación o el matrimonio infantil, ponen directamente en riesgo la salud de las mujeres y niñas. Para seguir garantizando la calidad de vida de las más vulnerables es necesario tomar decisiones y acciones directas que protejan a aquellas en riesgo de sufrir la peor parte de estas crisis migratorias donde todo el mundo se merece un lugar seguro donde vivir, empezando por sensibilizar y capacitar a la población para garantizar la integridad, protección, servicios básicos y el acceso a la educación de todas las niñas
A nivel internacional, existen varios instrumentos legales que buscan proteger a las mujeres y niñas contra la MGF. Algunos de estos instrumentos son:
En el ámbito español, existen leyes que protegen contra la mutilación genital femenina, considerándola una forma de violencia de género. Por ejemplo:
En Kenia, donde la mutilación genital femenina es ilegal desde hace algo menos de 13 años, se han promulgado leyes específicas para abordar esta práctica, como la Ley de Prohibición de la Mutilación Genital Femenina de 2011. Según la misma, es ilegal practicarla tanto en el territorio nacional como trasladar a alguien al extranjero para practicarla. No obstante, según datos de UNICEF, esta práctica todavía pervive en Kenia. En su informe “Perfil de la MGF en Kenia” (UNICEF, 2020), la organización establece que, en el país, 4 millones de niñas y mujeres han sufrido la MGF, lo que supone una media del 21% de las niñas y mujeres entre los 15 y los 49 años.
Es importante destacar que, a pesar de estas leyes, la erradicación efectiva de la mutilación genital femenina requiere esfuerzos continuos en términos de concienciación, educación y aplicación de la ley. La MGF está prohibida por ley en Kenia desde el año 2011.
El matrimonio infantil y forzado (MFI) es una violación de los derechos humanos y una práctica nociva que afecta de forma desproporcionada a las mujeres y las niñas en todo el mundo. Se define como,
En muchas comunidades, la mutilación genital femenina suele ser el paso previo al matrimonio infantil o forzado, convirtiéndose ambas en prácticas que refuerzan el control sobre las niñas y perpetúan un ciclo de violencia de género. Su erradicación exige un trabajo continuo de educación, empoderamiento de niñas y mujeres, sensibilización comunitaria y aplicación efectiva de la ley.
En todo el mundo, más de 650 millones de mujeres vivas hoy en día se casaron cuando eran niñas. Cada año, al menos 12 millones de niñas se casan antes de cumplir los 18 años. Esto supone 28 niñas cada minuto. Una de cada cinco niñas está casada, o en pareja, antes de cumplir los 18 años. En los países menos desarrollados, esa cifra se duplica: El 40% de las niñas se casan antes de los 18 años, y el 12% de las niñas se casan antes de los 15 años. Esta práctica está especialmente extendida en los países afectados por conflictos y en entornos humanitarios (fuente: UNICEF, 2025).
El MFI provoca consecuencias devastadoras: abandono escolar, embarazos precoces con alto riesgo de mortalidad materna e infantil, violencia sexual y doméstica, dependencia económica y aislamiento social.
En Kenia, el matrimonio infantil es ilegal, pero aún afecta al 23% de las mujeres de entre 20 y 24 años, especialmente en regiones como Kuria o entre la comunidad Pokot, donde está estrechamente ligado a la mutilación genital femenina (MGF), considerada un rito previo al matrimonio.
El matrimonio infantil y forzado, al igual que la MGF, refleja las desigualdades estructurales y las normas culturales que subordinan a las niñas, perpetuando el ciclo de pobreza y violencia de género.
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